Apéndice a la clase cuarta del libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza» lleva por título «Ontología pura y Filosofías de lo Uno» , y es del 12 de diciembre de 1980.

Para mí (dice Deleuze) la noción de conatus, la tendencia a perseverar en el ser, vendría a continuación de otras dos nociones que son esenciales: las nociones de potencia y afecto.

En cuanto al problema del hombre razonable y del hombre demente, ¿qué es lo que los distingue, según Spinoza? ¿O que es lo que no los distingue? O mejor: ¿desde qué punto de vista no pueden distinguirse y desde que punto de vista tienen que ser distinguidos?

Deleuze en clase

Deleuze en clase

La respuesta de Spinoza es muy rigurosa. Desde un cierto punto de vista no hay razón para hacer una diferencia; desde otro punto de vista, hay razón para hacerla. Desde el punto de vista de la potencia no hay razón para diferenciarlos, cada uno, por lo que hay en él, realiza o efectúa su potencia, se esfuerza en perseverar en su ser. No es que uno intente perseverar en su ser, sino que persevera en su ser tanto como haya en él. Es por eso que a Deleuze no le gusta la idea de conatus, la idea de «esfuerzo», pues no traduce el pensamiento de Spinoza. El hecho es que efectúo mi potencia a cada momento, tanto como lo haya en mí. No es un esfuerzo. Por tanto, lo que hay de común en los dos, desde el punto de vista de la potencia, es que cada uno efectúa la suya. Ese es el derecho natural, es el mundo de la naturaleza. No podríamos establecer ninguna diferencia de cualidad entre el hombre razonable y el loco.

Desde otro punto de vista, sé, dice Deleuze, que el hombre razonable es «mejor» que el loco. ¿Qué quiere decir «mejor»? Más potente, en el sentido spinozista de la palabra. Debo hacer y hago una diferencia entre ambos. Desde el punto de vista del afecto, debo distinguir entre ambos. ¿De dónde viene ese otro punto de vista?

La potencia siempre está en acto, siempre está efectuada. Loa afectos son los que la efectúan. Los afectos son las efectuaciones de la potencia. Lo que experimento en acción o en pasión es lo que efectúa mi potencia a cada instante.

De ahí que Spinoza convertirá el problema de la razón en un caso particular del problema más general de los afectos. La razón designa un cierto tipo de afectos. Decir que la razón no se define sólo por las ideas sino que hay una razón práctica que consiste en un cierto tipo de afectos, una cierta manera de ser afectado es muy nuevo. Pero, ¿qué quiere decir «razonable»?

La razón es forzosamente un conjunto de afectos: es decir, ella es la forma bajo la cual la potencia se efectúa en tales o cuales condiciones. Desde el punto de vista de los afectos, la diferencia entre ambos hombres es enorme.

Hay una diferencia entre Spinoza y Hobbes también en esto. En el caso de Hobbes el hombre está llamado a salir del estado de naturaleza por un contrato, por el que renuncio a mi derecho de naturaleza. Pero el soberano no renuncia; entonces, en cierta manera, el derecho de naturaleza es conservado. Para Spinoza, al contrario, en el contrato no renuncio a mi derecho de naturaleza: «Yo conservo mi derecho de naturaleza aún en el estado civil» dice Spinoza en una carta. Hobbes conservaba también el estado de naturaleza en el estado civil pero sólo en provecho del soberano. Hay ahí una gran diferencia.
Pero, grosso modo, Spinoza es en esto discípulo de Hobbes, al que sigue en dos puntos fundamentales. El primero en haber concebido el estado de naturaleza y el derecho natural de una manera tal que rompía enteramente con la tradición ciceroniana. El segundo punto consiste en haber sustituido la relación de competencia del sabio por la idea de un pacto de consentimiento como fundamento del estado civil (ver Clase 2, Derecho Natural).

La clase cuarta del libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza» lleva por título «Ontología pura y Filosofías de lo Uno» , y es del 12 de diciembre de 1980.

¿En qué sentido la ontología puede implicar y debe implicar una filosofía política?

Hay todo un recorrido político en Spinoza, señala Deleuze. No es por azar que hace dos libros de filosofía política, el Tratado teológico-político y el Tratado político. La diferencia de tono entre ellos se explica porque entre los dos existió el asesinato de los hermanos De Witt, y Spinoza ya no cree en lo que había dicho antes, en la monarquía liberal.

Spinoza se plantea hacer ética en la política. Para él no había más que un problema político y es lo que había que intentar comprender. Comprender por qué la gente lucha por su esclavitud, ya que parecen estar totalmente contentos de ser esclavos, tanto que están dispuestos a todo por permanecer esclavos. ¿Cómo explicar algo así? ¿Cómo explicar que la gente no se rebele?

Nunca se encuentran palabras como «revuelta» o «revolución» en Spinoza. ¿Por qué nunca habla de estas cosas? Sin duda, debe ser moderado. Pero, ¿por qué no se habla de revolución, no sólo él sino también los Colegiantes, por ejemplo? Todo el mundo sabe que hubo una revolución, la formidable revolución de Cromwell. Y la revolución de Cromwell es un caso casi puro de revolución traicionada tan pronto como fue hecha. Todo el siglo XVII está repleto de reflexiones sobre cómo una revolución puede no ser traicionada. La revolución siempre ha sido pensada por los revolucionarios bajo la pregunta «¿cómo sucede que es siempre traicionada?» Todo el romanticismo inglés está centrado sobre el tema de la revolución traicionada. ¿Cómo vivir todavía mientras la revolución es traicionada y parece tener como destino el ser traicionada? El modelo que les obsesiona es el de Cromwell. No la llaman revolución porque tienen en la cabeza el modelo de Cromwell.

En el momento del Tratado teológico-político, Spinoza cree todavía, de modo general, en una monarquía liberal. No ya en el momento del Tratado político. En ese momento, parece tender más bien a pensar en las oportunidades de una democracia. ¿Qué sería una democracia a nivel de los Países Bajos? Spinoza muere, como si fuera un símbolo, cuando está en el capítulo «democracia».

Hay una relación fundamental entre la ontología y un cierto estilo de política. ¿En qué consiste esta relación? ¿En qué consiste una filosofía política que se coloca en una perspectiva ontológica? ¿Se define por el problema del Estado? No especialmente.

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El moralista se muestra tan crítico que parece una persona por encima de lo normal, cuando en verdad, dice Spinoza, en su manera de ser despreciativo o sarcástico revela su envidia, su soberbia y su importencia. Declara que desea ayudar a los demás con sus consejos, y en la práctica está ansioso de hacerse admirar por su doctrina, que espera que le haga famoso. Spinoza cita una frase de Cicerón: “Incluso los filósofos firman con sus nombres los libros que escriben sobre el desprecio de la gloria”.

El que se presenta a sí mismo como poco ambicioso, con escaso aprecio por lo que es o por lo que hace y modesto en sus aspiraciones posee un orgullo superior al que abiertamente reconoce que es orgulloso. En realidad juzga su nimiedad porque se compara con los demás, de manera que se sentirá mejor en cuanto pueda señalar también, entre los que son superiores a él, algunos vicios; y, sin duda, su tristeza aumentará en cuanto la iniciativa de los otros ponga de manifiesto su propia impotencia. Así pues, le gustará acechar a los demás, no para corregirlos, sino para censurarlos. La única virtud que alaba es la modestia o la humildad, y ésa es su manera particular de glorificarse, aunque parezca justamente que rehusa la gloria.

Maite Larrauri

[Nietzsche] En 1878, inaugura su gran crítica de los valores, la edad del León, con Humano, demasiado humano. Sus amigos le comprenden mal. Está sobre todo cada vez más enfermo. «¡No poder leer! ¡No poder sino muy raramente escribir! ¡No frecuentar a nadie! ¿No poder escuchar música!» En 1881 describe así su estado: «Un  continuo sufrimiento, cada día durante horas una sensación muy próxima al mareo, una semiparálisis que me dificulta el habla y, para divertirme, furiosos ataques (la última vez estuve vomitando durante tres días y tres noches, tenía sed de muerte…) Si pudiera describiros lo incesante que es todo esto, el continuo sufrimiento que atenaza en la cabeza, sobre los ojos, y esta impresión general de parálisis, de la cabeza a los pies.»

¿En qué sentido la enfermedad —e incluso la locura— está presente en la obra de Nietzsche? Ella no es nunca fuente de inspiración. Nietzsche no concibió nunca que la filosofía pudiera proceder del sufrimiento, del malestar, de la angustia —aunque el filósofo, el tipo de filósofo según Nietzsche, padezca en exceso de sufrimiento. Pero tampoco concibe la enfermedad como un acontecimiento que afecte desde el exterior a un cuerpo-objeto, a un cerebro-objeto. Ve en la enferemedad más bien un punto de vista sobre la salud; y en la salud un punto de vista sobre la enfermedad. «Observar como enfermo conceptos más sanos, valores más sanos, después, al revés, desde lo alto de una vida rica, sobreabundante y segura de sí, hundir la mirada en el trabajo secreto del instinto de decadencia, ésa es la práctica en la que más a menudo me he adiestrado…» La enfermedad no es un móvil para el sujeto que piensa, pero menos aún es un objeto para el pensamiento; constituye más bien una intersubjetividad secreta en el interior de un mismo individuo. La enfermedad como evaluación de la salud, los momentos de salud como evaluación de la enfermedad: ésa es la «vuelta del revés», el «desplazamiento de las perspectivas», en donde Nietzsche ve lo esencial de su método y de su vocación para una transmutación de los valores. Ahora bien, a pesar de las apariencias, no hay reciprocidad entre los dos puntos de vista, entre las dos evaluaciones. De la salud a la enfermedad, de la enfermedad a la salud, esto sólo sería una idea, pero la movilidad misma es una salud superior: este desplazamiento, esta ligereza en el desplazamiento es la señal de la «gran salud». Por eso es por lo que Nietzsche puede decir hasta el final (es decir, en 1888): soy lo contrario de un enfermo, soy saludable en el fondo. Se evitará recordar que todo acabó mal. Porque el Nietzsche vuelto loco es precisamente el Nietzsche que ha perdido esa movilidad, el arte del desplazamiento, que ya no puede, mediante su salud, convertir la enfermedad en un punto de vista sobre la salud.

Gilles Deleuze

Spinoza es la anomalía. Si Spinoza, ateo y maldito, no termina en la cárcel o en la hoguera, a diferencia de otros innovadores revolucionarios entre los siglos XVI y XVII, se debe al hecho de que su metafísica representa la polaridad efectiva de una relación de fuerzas antagonistas ya consolidada: en la Holanda del siglo XVII, el desarrollo de las relaciones de producción y de las fuerzas productivas experimenta una tendencia hacia un porvenir de antagonismos. En este marco, la metafísica materialista de Spinoza es, por tanto, la anomalía potente del siglo XVII: no anomalía marginal y derrotada, sino anomalía del materialismo triunfante, del ser que actúa y que, constituyéndose, plantea la posibilidad ideal de revolucionar el mundo.

Antonio Negri

Aquí vivó Spinoza

Aquí vivió Spinoza

Baruch o Banedicto de Spinosa se ha ganado un nombre tan poco honorable en el mundo por lo que se refiere a su doctrina y a la singularidad de sus sentimientos en materia de religión que, como dice el autor de su Vida al comienzo de esta obra, es preciso, cuando se quiere escribir de él, o en su favor, esconderse con tanto cuidado, y usar de tantas precauciones, como si pretendiese cometer un crimen. Sin embargo, nosotros no creemos que debamos hacer un misterio del hecho que confesamos, de que hemos copiado este escrito según el original, cuya primera parte trata de la vida de este personaje y la segunda proporciona una idea de su espíritu.

Prefacio a “La vida y el espíritu del señor Benedicto de Spinosa o Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma)”, Anónimo clandestino (ss. XVII – XVIII)

La clase tercera del libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza» lleva por título «Ontología, ética y moral» , y es la segunda clase del mes de diciembre de 1980.

Deleuze se plantea en primer lugar ¿qué es lo que hace que Spinoza llame a esta ontología pura una ética? Con la sospecha además de que una ética no tiene nada que ver con una moral.

La ontología pura de Spinoza se presenta como la posición única absolutamente infinita. La substancia única absolutamente infinita es el ser. El ser en tanto que Ser. Los entes ya no serán seres, serán modos, los modos de la substancia. ¿Qué es un modo? Es una manera de ser. Los entes o existentes no son los seres, sólo tiene como ser la substancia absolutamente infinita. No somos seres, seremos maneras de ser de esa substancia.

¿Cuál es el sentido inmediato de la palabra ética, en qué se distingue de la moral? La ética nos es conocida hoy bajo el nombre de «etología» como ciencia práctica de las maneras de ser. ¿En qué se diferencia de la moral?

El objeto de la ética, de la etología, es intentar componer un paisaje de las maneras de ser. En una moral, al contrario se trata de dos cosas fundamentalmente soldadas: de la esencia y de los valores.

No creo que una moral pueda hacerse desde el punto de vista de una ontología, dice Deleuze. ¿Por qué? Porque la moral implica siempre algo superior al Ser. Lo que hay superior al Ser es algo que juega el papel de lo Uno, el Bien; es lo Uno superior al Ser. La moral es la empresa de juzgar no sólo todo lo que es, sino también al Ser mismo. Sólo se puede juzgar al Ser desde una instancia superior a él.

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Leo el libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza».

La segunda clase lleva por título «Derecho Natural» y es de Diciembre de 1980.

Comienza la segunda clase con una contraposición entre dos concepciones del Derecho Natural. Pero antes Deleuze hace una pequeña excursión por el concepto de “possest” de Nicolás de Cusa.
Ésta es una palabra inexistente que Cusa crea a partir del infinitivo posse del verbo poder y est, tercera persona del verso ser en presente. El ser de las cosas es el “possest”. Será precisamente la identidad de la potencia (posse) y del acto por el que defino algo (est). Ya no defino la cosa por su esencia. Lo que esa cosa es lo definiré por lo que ella puede, por lo que puede en acto. Las cosas son potencias. Lo que quiere decir que las cosas tienen más o menos intensidad. Lo intensivo de las cosas es lo que reemplaza a su esencia: la intensidad de la cosa es su relación con el ser.
Si hay algo que la fórmula «la potencia es la esencia misma» no quiere decir es que lo que cada uno quiere es el poder. Vemos lo que Spinoza (Nietzsche después) nos dice: lo que las cosas quieren es la potencia. El poder no tiene nada que ver. La potencia no es objeto de la voluntad.
En esta fórmula las cosas ya no están definidas por una esencia cualitativa («el hombre es un animal racional»), sino por una potencia cuantificable. Cambian muchas cosas si me intereso por lo que pueden las cosas. No es la misma manera de ser en el mundo. Lee el resto de esta entrada »

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