You are currently browsing the category archive for the ‘hombre’ category.

«La mayoría de aquellos que han escrito acerca de las emociones [affectibus] y de la conducta humana parecen estar tratando no con fenómenos naturaleza que siguen las leyes de la naturaleza sino con fenómenos que suceden fuera de la naturaleza. parecen ir tan lejos como para concebir al hombre en la naturaleza como un reino dentro de otro reino. Creen que perturba en lugar de seguir el orden de la naturaleza, que tiene un poder absoluto sobre sus acciones y no es determinado por ninguna otra causa que por sí mismo».

Baruch Spinoza

Anuncios

El moralista se muestra tan crítico que parece una persona por encima de lo normal, cuando en verdad, dice Spinoza, en su manera de ser despreciativo o sarcástico revela su envidia, su soberbia y su importencia. Declara que desea ayudar a los demás con sus consejos, y en la práctica está ansioso de hacerse admirar por su doctrina, que espera que le haga famoso. Spinoza cita una frase de Cicerón: “Incluso los filósofos firman con sus nombres los libros que escriben sobre el desprecio de la gloria”.

El que se presenta a sí mismo como poco ambicioso, con escaso aprecio por lo que es o por lo que hace y modesto en sus aspiraciones posee un orgullo superior al que abiertamente reconoce que es orgulloso. En realidad juzga su nimiedad porque se compara con los demás, de manera que se sentirá mejor en cuanto pueda señalar también, entre los que son superiores a él, algunos vicios; y, sin duda, su tristeza aumentará en cuanto la iniciativa de los otros ponga de manifiesto su propia impotencia. Así pues, le gustará acechar a los demás, no para corregirlos, sino para censurarlos. La única virtud que alaba es la modestia o la humildad, y ésa es su manera particular de glorificarse, aunque parezca justamente que rehusa la gloria.

Maite Larrauri

Spinoza es la anomalía. Si Spinoza, ateo y maldito, no termina en la cárcel o en la hoguera, a diferencia de otros innovadores revolucionarios entre los siglos XVI y XVII, se debe al hecho de que su metafísica representa la polaridad efectiva de una relación de fuerzas antagonistas ya consolidada: en la Holanda del siglo XVII, el desarrollo de las relaciones de producción y de las fuerzas productivas experimenta una tendencia hacia un porvenir de antagonismos. En este marco, la metafísica materialista de Spinoza es, por tanto, la anomalía potente del siglo XVII: no anomalía marginal y derrotada, sino anomalía del materialismo triunfante, del ser que actúa y que, constituyéndose, plantea la posibilidad ideal de revolucionar el mundo.

Antonio Negri

Baruch o Banedicto de Spinosa se ha ganado un nombre tan poco honorable en el mundo por lo que se refiere a su doctrina y a la singularidad de sus sentimientos en materia de religión que, como dice el autor de su Vida al comienzo de esta obra, es preciso, cuando se quiere escribir de él, o en su favor, esconderse con tanto cuidado, y usar de tantas precauciones, como si pretendiese cometer un crimen. Sin embargo, nosotros no creemos que debamos hacer un misterio del hecho que confesamos, de que hemos copiado este escrito según el original, cuya primera parte trata de la vida de este personaje y la segunda proporciona una idea de su espíritu.

Prefacio a “La vida y el espíritu del señor Benedicto de Spinosa o Tratado de los tres impostores (Moisés, Jesucristo y Mahoma)”, Anónimo clandestino (ss. XVII – XVIII)

La clase tercera del libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza» lleva por título «Ontología, ética y moral» , y es la segunda clase del mes de diciembre de 1980.

Deleuze se plantea en primer lugar ¿qué es lo que hace que Spinoza llame a esta ontología pura una ética? Con la sospecha además de que una ética no tiene nada que ver con una moral.

La ontología pura de Spinoza se presenta como la posición única absolutamente infinita. La substancia única absolutamente infinita es el ser. El ser en tanto que Ser. Los entes ya no serán seres, serán modos, los modos de la substancia. ¿Qué es un modo? Es una manera de ser. Los entes o existentes no son los seres, sólo tiene como ser la substancia absolutamente infinita. No somos seres, seremos maneras de ser de esa substancia.

¿Cuál es el sentido inmediato de la palabra ética, en qué se distingue de la moral? La ética nos es conocida hoy bajo el nombre de «etología» como ciencia práctica de las maneras de ser. ¿En qué se diferencia de la moral?

El objeto de la ética, de la etología, es intentar componer un paisaje de las maneras de ser. En una moral, al contrario se trata de dos cosas fundamentalmente soldadas: de la esencia y de los valores.

No creo que una moral pueda hacerse desde el punto de vista de una ontología, dice Deleuze. ¿Por qué? Porque la moral implica siempre algo superior al Ser. Lo que hay superior al Ser es algo que juega el papel de lo Uno, el Bien; es lo Uno superior al Ser. La moral es la empresa de juzgar no sólo todo lo que es, sino también al Ser mismo. Sólo se puede juzgar al Ser desde una instancia superior a él.

Lee el resto de esta entrada »

Leo el libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza».

La segunda clase lleva por título «Derecho Natural» y es de Diciembre de 1980.

Comienza la segunda clase con una contraposición entre dos concepciones del Derecho Natural. Pero antes Deleuze hace una pequeña excursión por el concepto de “possest” de Nicolás de Cusa.
Ésta es una palabra inexistente que Cusa crea a partir del infinitivo posse del verbo poder y est, tercera persona del verso ser en presente. El ser de las cosas es el “possest”. Será precisamente la identidad de la potencia (posse) y del acto por el que defino algo (est). Ya no defino la cosa por su esencia. Lo que esa cosa es lo definiré por lo que ella puede, por lo que puede en acto. Las cosas son potencias. Lo que quiere decir que las cosas tienen más o menos intensidad. Lo intensivo de las cosas es lo que reemplaza a su esencia: la intensidad de la cosa es su relación con el ser.
Si hay algo que la fórmula «la potencia es la esencia misma» no quiere decir es que lo que cada uno quiere es el poder. Vemos lo que Spinoza (Nietzsche después) nos dice: lo que las cosas quieren es la potencia. El poder no tiene nada que ver. La potencia no es objeto de la voluntad.
En esta fórmula las cosas ya no están definidas por una esencia cualitativa («el hombre es un animal racional»), sino por una potencia cuantificable. Cambian muchas cosas si me intereso por lo que pueden las cosas. No es la misma manera de ser en el mundo. Lee el resto de esta entrada »

Sus conocimientos, sus aficiones y su profesión le permitieron llevar una vida plena. [Spinoza] Tuvo la sabiduría de distinguir entre quienes eran sus amigos y quienes, a pesar de presentarse como tales, no lo eran. Cuando, en una ocasión, le ofrecieron ocupar una cátedra en la Universidad de Heidelberg para enseñar filosofía, declinó la oferta al intuir que comprometía su libertad de pensamiento. En la Ética dice que hay que evitar, en la medida de lo posible, aceptar regalos de los ignorantes, porque ellos esperan a su vez recibir otros beneficios —como resulta normal esperarlo—, pero el que es libre no coincide con el que es ignorante a la hora de juzgar qué es un beneficio.

Maite Larrauri

[…] la preponderancia de la sociedad civil sobre el estado en Occidente puede ser equiparada al predominio de la «hegemonía» sobre la «coerción» como la forma fundamental del poder burgués en el capitalismo avanzado. En la medida en que la hegemonía pertenece a la sociedad civil, y la sociedad civil prevalece sobre el estado, es la ascendencia cultural de la clase dominante la que garantiza esencialmente la estabilidad del orden capitalista. En la utilización de Gramsci, aquí, hegemonía significa la subordinación ideológica de la clase obrera por la burguesía, la cual la capacita para dominar mediante consenso.

Al mismo tiempo, la primera solución que esboza para ello en los Cuadernos de la cárcel es radicalmente inviable: la simple ubicación de la «hegemonía» dentro de la sociedad civil, y la atribución de primacía a la sociedad civil sobre el estado. Esta ecuación corresponde, en efecto, muy exactamente a lo que puede llamarse en la izquierda una visión de sentido común de la democracia burguesa en Occidente –una visión ampliamente difundida en los círculos militantes de la socialdemocracia desde la Segunda Guerra Mundial. Para esta concepción, el estado en Occidente no es una maquinaria violenta de represión policíaca como lo fue en la Rusia zarista: las masas tienen acceso a él a través de elecciones democráticas regulares que permiten formalmente la  posibilidad de un gobierno socialista. Pero la experiencia muestra que estas elecciones nunca producen un gobierno dedicado a la expropiación del capital y a la realización del socialismo.

Tras cincuenta años desde la llegada del sufragio universal, tal fenómeno parece mucho más lejano que nunca. ¿Cuál es la razón para esta paradoja? Reside en el condicionamiento ideológico previo del proletariado antes del momento electoral como tal. El lugar central del poder debe buscarse, por lo tanto, dentro de la sociedad civil –sobre todo, en el control capitalista de los medios de comunicación (prensa, radio, televisión, cine, ediciones), basado en el control de los medios de producción (propiedad privada). En una variante más sofisticada, la verdadera inculcación de la aceptación voluntaria del capitalismo se da, no tanto a través del adoctrinamiento ideológico de los medios de comunicación, como de la difusión invisible del fetichismo de la mercancía a través del mercado o las costumbres instintivas de sumisión inducidas por el trabajo rutinario de las fábricas y oficinas –en otras palabras, directamente dentro del ámbito de los mismos medios de producción.

Pero aunque se dé el énfasis principal al efecto de los aparatos cultural y económico, la conclusión analítica es la misma. Es el nexo estratégico de la sociedad civil el que se piensa que mantiene la hegemonía capitalista dentro de una democracia política, cuyas instituciones estatales no excluyen o reprimen directamente a las masas. El sistema se mantiene por consentimiento, no por coerción. Por lo tanto, la principal tarea de los militantes socialistas no es combatir contra un estado armado, sino la conversión ideológica de la clase obrera para liberarla de la sumisión a los engaños capitalistas.

Perry Anderson

Bruma de oro, el Occidente alumbra

La ventana. El asiduo manuscrito

Aguarda, ya cargado de infinito.

Alguien construye a Dios en la penumbra.

un hombre engendra a Dios. Es un judío

De tristes ojos y piel cetrina;

Lo lleva el tiempo como lleva el río

Una hoja en el agua que declina.

No importa. El hechicero inisite y labra

a Dios con geometría delicada;

Desde su enfermedad, desde su nada

Sigue erigiendo a Dios con la palabra.

El más pródigo amor le fue otorgado,

El amor que no espera ser amado.

Jorge Luis Borges