La clase cuarta del libro de Gilles Deleuze, «En medio de Spinoza» lleva por título «Ontología pura y Filosofías de lo Uno» , y es del 12 de diciembre de 1980.

¿En qué sentido la ontología puede implicar y debe implicar una filosofía política?

Hay todo un recorrido político en Spinoza, señala Deleuze. No es por azar que hace dos libros de filosofía política, el Tratado teológico-político y el Tratado político. La diferencia de tono entre ellos se explica porque entre los dos existió el asesinato de los hermanos De Witt, y Spinoza ya no cree en lo que había dicho antes, en la monarquía liberal.

Spinoza se plantea hacer ética en la política. Para él no había más que un problema político y es lo que había que intentar comprender. Comprender por qué la gente lucha por su esclavitud, ya que parecen estar totalmente contentos de ser esclavos, tanto que están dispuestos a todo por permanecer esclavos. ¿Cómo explicar algo así? ¿Cómo explicar que la gente no se rebele?

Nunca se encuentran palabras como «revuelta» o «revolución» en Spinoza. ¿Por qué nunca habla de estas cosas? Sin duda, debe ser moderado. Pero, ¿por qué no se habla de revolución, no sólo él sino también los Colegiantes, por ejemplo? Todo el mundo sabe que hubo una revolución, la formidable revolución de Cromwell. Y la revolución de Cromwell es un caso casi puro de revolución traicionada tan pronto como fue hecha. Todo el siglo XVII está repleto de reflexiones sobre cómo una revolución puede no ser traicionada. La revolución siempre ha sido pensada por los revolucionarios bajo la pregunta «¿cómo sucede que es siempre traicionada?» Todo el romanticismo inglés está centrado sobre el tema de la revolución traicionada. ¿Cómo vivir todavía mientras la revolución es traicionada y parece tener como destino el ser traicionada? El modelo que les obsesiona es el de Cromwell. No la llaman revolución porque tienen en la cabeza el modelo de Cromwell.

En el momento del Tratado teológico-político, Spinoza cree todavía, de modo general, en una monarquía liberal. No ya en el momento del Tratado político. En ese momento, parece tender más bien a pensar en las oportunidades de una democracia. ¿Qué sería una democracia a nivel de los Países Bajos? Spinoza muere, como si fuera un símbolo, cuando está en el capítulo «democracia».

Hay una relación fundamental entre la ontología y un cierto estilo de política. ¿En qué consiste esta relación? ¿En qué consiste una filosofía política que se coloca en una perspectiva ontológica? ¿Se define por el problema del Estado? No especialmente.

La diferencia real entre las ontologías puras y las filosofías de lo Uno aparecen en que éstas implican fundamentalmente una jerarquía de los existentes; de ahí el principio de consecuencia, de emanación. El problema del Estado lo encontrarán al nivel de la institución de una jerarquía política. A Deleuze le parece impresionante, en cambio, hasta qué punto repudian las antologías puras las jerarquías. En la ontología pura no hay Uno superior al Ser; el Ser se dice de todo lo que es, se dice de todo ente en un mismo y único sentido. Ésta, señala, me parece la proposición ontológica clave. Es el mundo de la inmanencia. Ese mundo de la inmanencia ontológica es un mundo esencialmente anti-jerárquico. Los filósofos de la ontología nos dirán que evidentemente es necesaria una jerarquía práctica. La ontología no conduce a fórmulas del tipo «todo vale». En ciertos aspectos, desde el punto de vista de una ontología, es decir, desde el punto de vista del Ser, todo vale. Todo ente efectúa  su ser en tanto que él es en sí. Un punto es todo. Es el pensamiento anti-jerárquico. En el límite, es una especie de anarquía. Hay una anarquía de los entes en el Ser. Es la intuición básica de la ontología: todo los seres valen. El Ser se dice en un solo y mismo sentido de la piedra, del hombre, del loco, del razonable.

Aquí encuentran el dominio político, esta especie de intuición del ser igual, del ser anti-jerárquico. Y la manera en que piensan el Estado ya no es la relación de alguien que manda y otros que obedecen. En Hobbes la relación política es la relación de alguien que ordena y alguien que obedece. En esto Spinoza no estaría con Hobbes. El problema de una ontología se define en función de esto: «el ser se dice de todo lo que es». El problema de una ontología es ¿cómo ser libre? ¿cómo efectuar su potencia en las mejores condiciones? El estado civil es pensado como el conjunto de las condiciones bajo las cuales el hombre puede efectuar su potencia de la mejor manera. La obediencia es secundaria con relación a esta exigencia, deberá estar justificada porque se inscribe en un sistema en el que la sociedad sólo puede significar el mejor medio para que un hombre efectúe su potencia.

Encontramos en Nietzsche este problema: ¿qué es lo que es igual? Lo que es igual es cada ser. Sea el que sea, de todas maneras efectúa todo lo que puede de su potencia. Cada uno se esfuerza en perseverar en su ser. Desde ese punto de vista, todos los seres valen, todos son en el Ser y el Ser es igual. El Ser se dice igualmente de todo lo que es, pero todo lo que es no es igual, no tiene la misma potencia. Que el Ser sea igual no impide que hay diferencias entre los seres.

El problema que Deleuze ha tratado hasta aquí consiste, según sus palabras, en ¿cuál es el estatuto del ente o de lo existente? ¿cuál es el estatuto de lo que es desde el punto de vista de la ontología? Ha intentado mostrar que las dos concepciones —la de la distinción cuantitativa entre existentes y la de la oposición cualitativa ente modos de existencia— lejos de contradecirse, se imbricaban la una a la otra todo el tiempo.

Se pregunta entonces, ¿cuál es el estatuto del ente desde el punto de vista de una ontología pura como la de Spinoza? La ontología va del Ser a los entes. Es decir, va de lo idéntico , va del Ser a las diferencias. Ya no es una diferencia jerárquica. Todos los seres son igualmente en el Ser. En la ontología la diferencia entre los entes es cuantitativa y cualitativa a la vez: diferencia cuantitativa de las potencias, diferencia cualitativa de los modos de existencia. Pero no es diferencia jerárquica.

Se piensa que desde el punto de vista de la jerarquía lo primero es la diferencia, y que se va de la diferencia a la identidad. ¿De qué tipo de diferencia se trata? Siempre es, finalmente, una diferencia entre el Ser y algo superior al Ser, puesto que la jerarquía será una diferencia en el juicio.  El juicio se hace en nombre de una superioridad del Uno sobre el Ser. Se puede juzgar el Ser precisamente porque hay una instancia superior. Cuando se invoca a Platón, la diferencia es primera en un sentido muy preciso: el Uno es más que el Ser. Es una diferencia jerárquica.

Pero cuando se habla como si hubiese una jerarquía, diciendo que el hombre razonable vale más o es mejor que el malvado, ¿en qué sentido y por qué vale más o es mejor? Es por razones de potencia y de efectuación de la potencia, no por razones de jerarquía.

Una tercera rúbrica de este problema sería: ¿cómo se plantea el problema del mal? La filosofía clásica había erigido esta proposición paradójica: «el mal no es nada», que remite, por lo menos, a dos maneras posibles de hablar.

Puedo querer decir una primera cosa: el mal no es nada porque todo es Bien. Hay el Ser, lo Uno es superior al Ser, y la superioridad de lo Uno hace que el Ser se vuelva hacia lo Uno como siendo el bien. El bien hace ser. El Bien es lo Uno como razón del Ser. Todo es Bien quiere decir que es el Bien lo que hace ser a lo que es. Platón dice que sólo el Bien hace ser y como correlato hace actuar. Lo que el malvado quiere es el bien, un bien cualquiera. Se puede decir que el mal no es nada en el sentido de que sólo el Bien hace ser y hace actuar.

En una ontología pura no hay mal, hay Ser. Esto implica algo completamente nuevo: es que si el mal no es nada es porque el bien, igualmente, no es nada. Ahora bien, esta negación tanto del bien como del mal no le impedía a Spinoza hacer una ética. ¿Cómo hacer una ética si no hay ni bien ni mal? ¿Cuál es el estatuto del mal desde el punto de vista de la ética? Disponemos de un texto de Spinoza excepcional: es un intercambio de ocho cartas, cuatro de cada uno, con un joven llamado Blyenbergh. El tema de esta correspondencia es únicamente el mal. El joven Blyenbergh le exige a Spinoza que se explique sobre el mal…

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