Sus conocimientos, sus aficiones y su profesión le permitieron llevar una vida plena. [Spinoza] Tuvo la sabiduría de distinguir entre quienes eran sus amigos y quienes, a pesar de presentarse como tales, no lo eran. Cuando, en una ocasión, le ofrecieron ocupar una cátedra en la Universidad de Heidelberg para enseñar filosofía, declinó la oferta al intuir que comprometía su libertad de pensamiento. En la Ética dice que hay que evitar, en la medida de lo posible, aceptar regalos de los ignorantes, porque ellos esperan a su vez recibir otros beneficios —como resulta normal esperarlo—, pero el que es libre no coincide con el que es ignorante a la hora de juzgar qué es un beneficio.

Maite Larrauri

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